Memorias de Eami: un recorrido ancestral que teje identidad
Fotoensayo: para las mujeres del pueblo ayoreo, adentrarse en el bosque en busca del dajudie es trazar un camino hacia la memoria.

Con las primeras luces del amanecer, a casi 500 kilómetros de Asunción, las artesanas de la comunidad Campo Loro se preparan para emprender un viaje. Deben desplazarse unos 10 kilómetros para, a partir de allí, adentrarse en lo profundo del bosque seco más grande del mundo.
Van en busca del dajudie, como se denomina en ayoreo a la planta científicamente conocida como Bromelia hieronymi, y comúnmente llamada caraguatá, término de origen guaraní, en otras regiones de Paraguay.
Se trata de una planta herbácea y espinosa que crece en los montes semiáridos del Chaco, cuya fibra textil es utilizada tradicionalmente por las comunidades indígenas chaqueñas para elaborar tejidos artesanales.


Las ancianas guían a las más jóvenes, abriéndose paso con determinación entre el monte espinoso. La memoria del bosque se expresa en sus movimientos, que revelan fuerza, destreza y vitalidad.
Así, la recolección del dajudie se convierte en un ritual entre mujeres, donde las más ancianas transmiten saberes ancestrales a sus hijas y nietas. Sin embargo, ante la desaparición de los bosques, este ritual se encuentra en vías de extinción.

Cada una lleva consigo un bolso que sostiene en la cabeza y herramientas elaboradas específicamente para esta labor. Seleccionan con cuidado las plantas que cosecharán, procurando proteger aquellas que aún están en crecimiento. Cuando se dispersan o pierden contacto entre sí, se comunican mediante silbidos y gritos.



Para el pueblo ayoreo, Eami es al mismo tiempo el bosque y el mundo. No existe separación entre ambos: forman una unidad. Recolectar y tejer se convierte así en un acto de resistencia cultural y de defensa de Eami; es así como las mujeres se aferran a su comunión con el monte, que es quien les provee vida, sentido e identidad.
El Chaco paraguayo es una de las regiones con mayor tasa de deforestación del planeta, con una pérdida estimada de alrededor de 800 hectáreas diarias. Esta devastación, impulsada principalmente por el avance del agronegocio, altera gravemente el equilibrio ecológico de la región y amenaza la vida de los pueblos indígenas que resisten protegiendo los últimos bosques nativos.


La comunidad Campo Loro fue fundada hace más de 40 años por la iglesia evangélica estadounidense Misión Nuevas Tribus. Se ubica en el distrito de Filadelfia, departamento de Boquerón. Muchos de sus primeros habitantes fueron capturados en el monte y sacados por la fuerza para ser evangelizados.
En el pueblo ayoreo aún existen grupos en aislamiento, los últimos del Gran Chaco. Hoy enfrentan un genocidio silencioso debido a la fragmentación y destrucción de su territorio y sus corredores bioculturales. Pese al implacable colonialismo que busca negar su existencia indígena, resisten y siguen luchando por preservar su territorio.



Este fotorreportaje fue realizado con el apoyo del programa Periodismo por la Acción Climática, una iniciativa de Agencia Global de Noticias, Emancipa Paraguay y El Surtidor, con el apoyo de WWF - Paraguay y Fundación Avina.






