
A Sandra Paredes, modista y madre de cuatro hijos, de 56 años, le emociona hacer disfraces, jugar con los detalles, divertirse en el proceso. Cuando se le pregunta por qué, responde que quizás es porque, cuando era niña, no tuvo muchas oportunidades de jugar.
Sandra nació en Argentina con un padre paraguayo y una madre argentina. Cuando su mamá murió a los 37 años, ella y sus hermanos junto a su papá y madrastra vinieron a vivir a Asunción. La primera vez que Sandra vivió como “criada”, con una familia extraña, fue cuando tenía 11 años. Fue solo un par de meses y recuerda que su rol era cuidar a dos niñas, más pequeñas que ella.
Pero la segunda vez, fue distinta. Se fue a los 13 años, a una casa en Luque, y se quedó hasta casi cumplir los 18 años. También en principio, su tarea era cuidar a los niños, pero terminaba haciendo de todo: limpiaba, cocinaba, lavaba.
“Según mis papás, ellos hablaron con esa gente que yo quería seguir mi colegio, que quería seguir estudiando. Pero no fue así. No me hicieron estudiar jamás. Me tenían que vestir, supuestamente hacer estudiar y no cumplieron con eso. Me compraban ropa, pero ropa usada. Y yo de aquí para allá con ellos, con las criaturas, sí o sí encima de las criaturas”, cuenta Sandra a The Paraguay Post.
Sandra, como miles de niñas y adolescentes en Paraguay, vivió en situación de criadazgo. Se trata de una práctica en la que una niña, niño o adolescente es entregado a otra familia, de mejor posición económica, para que realice tareas del hogar y de cuidado, con la promesa de darle techo, comida y estudios. Voces conservadoras —incluyendo altos cargos del Partido Colorado oficialista— sostienen que forma parte de la identidad nacional, y que es tan paraguaya como el tereré, la popular infusión fría de yerba mate.
Pero en la realidad, ese “acuerdo” entre familia de origen y receptora no siempre se cumple. Una creciente lucha para eliminar el criadazgo argumenta que la situación muchas veces deriva en trabajo infantil forzoso y explotación, e incluso genera casos de violencia física y sexual. Además, conlleva el trauma de separar a las niñeces de sus padres, sus hermanos y hermanas, y su hogar, en una cadena de desarraigo y dolor que puede llegar a perpetuarse por generaciones —y afectar a varios miembros de la misma familia—.
Cuando Sandra recuerda su pasado, pareciera como si volviera a vivir aquella época. Su mirada se aleja, sus ojos se cristalizan y dice: “Primero se fue la mayor con una gente. Dios mío, fue un dolor inmenso. Era como si se murió, ¿entendés? Sentíamos ese dolor. Después, cuando me fui yo, mis otras hermanitas se sintieron así también. Y así fuimos cada una. Realmente no le deseo a nadie”, lamenta.


El criadazgo tiene sus orígenes en la colonia. Uno de sus antecedentes históricos, de acuerdo a expertas como Adelina Pusineri, es el sistema de encomiendas, en el que indígenas eran entregados a hogares españoles para formar parte de la servidumbre. Conocida como “Naboría”, “la mayoría de las veces eran niñas o niños de corta edad que servían en las casas de los señores españoles o criollos”.
Luego de la Guerra contra la Triple Alianza (1864-70), se intensificó, teniendo en cuenta la cantidad de niñeces que quedaron sin familia. Durante los conflictos, dictaduras, y desarraigos del siglo veinte, se normalizó aún más. La última encuesta que el Estado realizó al respecto, en el 2011, mostró que aproximadamente 47.000 niñas, niños y adolescentes vivían en situación de criadazgo.
Organizaciones como Global Infancia y Grupo Luna Nueva sostienen que el criadazgo constituye una forma de trata de personas: implica el traslado de niñas y niños vulnerables bajo falsas promesas, para su explotación laboral o sexual, sin remuneración ni libertad de movimiento.
En palabras de Camila Corvalán, socióloga, especialista en Estudios de Género e investigadora de la ONG Enfoque Niñez, el criadazgo es un fenómeno extremadamente complejo. Aunque en casi todos los casos hay separación de la familia, puede o no haber incomunicación con la misma, puede o no haber abandono escolar, falta de recreación, explotación laboral y acceso a la salud.
“Reviste una complejidad de vulneraciones”, explica Corvalán. “No podemos decir que tiene exactamente las características del trabajo en condiciones de explotación o totalmente las características de la trata de personas, porque no es igual”.
De acuerdo con la investigadora, muchas familias optan por este camino porque el apoyo estatal es casi ausente y la consideran la mejor opción para ese futuro de esa niña o niño. En el caso de Sandra, muy a su pesar, confiesa que, prefería estar en otras casas, antes que en la suya, donde sufría maltratos por parte de su madrastra: “Y pasamos muy mal con ella y prefería estar en una casa ajena al final, porque por lo menos comíamos bien, nos vestíamos, estábamos bien”.
Pero lo que más siente Sandra de la situación que vivió como “criada” es que no pudo terminar el colegio: hasta ahora, una de sus mayores frustraciones. Y Corvalán agrega que, en muchos casos, la situación “se vuelve inviable o la violencia que ocurre en las condiciones de explotación son realmente mucho peores para la adolescente”.


Según el reporte de junio de 2026 de Fono Ayuda 147, la línea telefónica gratuita de denuncias del Ministerio de la Niñez y Adolescencia, solo en el mes de junio se registraron 1.264 hechos de vulneración de derechos a niñas, niños y adolescentes, entre los que se destacan violación del deber del cuidado, maltrato, abuso y explotación sexual. Sin embargo, desde 2020, no hay un número que corresponda al criadazgo.
En una entrevista del mismo año, el actual ministro Walter Gutiérrez —entonces viceministro— advirtió que la crisis socioeconómica y sanitaria podría haber agravado el fenómeno.
En un informe del gobierno nacional, basado en los registros de Fono Ayuda, del 2014-2016 se registra que, de 59 casos de criadazgo, 47 correspondían a niñas y adolescentes.
“Sin duda, todo eso también está atravesado por una cuestión de género”, puntualiza Corvalán. “Hay toda una construcción sobre cuáles son las oportunidades que puede tener una mujer, a las cuales puede aspirar una mujer. Si no es a ser una ‘serviha’ (palabra en guaraní que significa literalmente ‘la que me sirve’).”
“Es un poco para mí la palabra que le da esa columna vertebral al criadazgo”, agrega la experta. “El tema del servicio”.
¿Decisión o coacción?
Existen varias normativas y convenios internacionales que el Estado paraguayo está incumpliendo al no generar políticas públicas para hacerle frente al criadazgo.
El artículo 54 de la Constitución Nacional establece las bases para la protección de los niños, niñas y adolescentes “contra el abandono, la desnutrición, la violencia, el abuso, el tráfico y la explotación” y su “desarrollo armónico e integral.”
La ley 57/90 —que corresponde a la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, adoptada en 1989— obliga al Estado a garantizar la protección, el desarrollo y la participación de todos los niños, sin distinción.
Desde Enfoque Niñez, las investigaciones en las cuales participó Corvalán indican que incluso niñas y adolescentes que ya contaban con medidas de guarda judicial por situaciones de violencia en sus familias terminaban en hogares ajenos, trabajando como criadas.
También, que el fenómeno ha mutado desde la época en que Sandra experimentó el criadazgo. Si antes las niñas o adolescentes perdían el contacto con sus familias, ahora la cosa cambió, ya que la mayoría cuenta con dispositivo móvil y se encuentra en conexión constante. Sin embargo, según Corvalán, eso también ha provocado otro tipo de controles y violencias.
“Hoy el criadazgo es una adolescente que quiere comprarse un celular, que tiene una agencia, que decide, y cuesta muchísimo escuchar esto, pero que decide (ser criada) como una opción frente a toda la precariedad que existe, frente a un sistema que no le puede retener en la escuela, que no le da otras opciones de formación para el empleo, que es una cultura que le dice que su cuerpo es lo único que tiene para ofrecer como fuerza de trabajo”, manifiesta.
Según la Encuesta Permanente de Hogares Continua 2025 (EPHC), en Paraguay, del total de niños, niñas y adolescentes de 10 a 17 años (827.843), alrededor de 5,3% están ocupados, es decir, aproximadamente 44.261 se encuentran realizando trabajo infantil.




Frente a un Estado ausente y una familia que no puede proveer las condiciones necesarias para ese niño, niña y adolescente, ¿qué caminos le quedan? Desde la Coordinadora Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores (CONNATS), adolescentes como Fabiola Fernández, 17 años, delegada nacional, y su hermano Junior Fernández, 15 años, delegado latinoamericano, vienen ensayando respuestas.
Para Junior, lo más importante es la concientización de sus compañeros y compañeras, que ellos y ellas puedan identificar, analizar su propia realidad y ver la manera de contrarrestar esa situación. Como también, promover el apoyo del Estado a las familias, para que no tengan que recurrir a esa práctica.
“Nosotros desde la CONNATS, defendemos el trabajo digno de niños, niñas y adolescentes. Algo que pasa mucho es que la gente no sabe diferenciar eso. El trabajo se supone que te tiene que ayudar a desarrollarte, a aprender, a mejorar, a ayudar a tu familia”, se expresa segura y enfática Fabiola, a través de una videollamada desde Ciudad del Este, en la frontera paraguaya con Brasil, que no impide que su energía arrolladora traspase la pantalla.
Fabiola comparte que la posición de la CONNATS es firme: el criadazgo no es trabajo infantil, es un delito, un trabajo forzoso, que te saca horas de estudio y de recreación.
La que acompaña a los chicos en la videollamada es Doris Ramírez, trabajadora social y coordinadora de la ONG Callescuela. Valora como positivo el trabajo que vienen haciendo desde la organización apostando a la participación protagónica de los niños, niñas y adolescentes, como Fabiola y Junior, quienes lideran y llevan adelante charlas, talleres participativos, y conversaciones con padres, pares y la comunidad.
“Necesitamos sensibilización para desmontar la idea de que el criadazgo es algo beneficioso para la familia o para los NNA. Junior y Fabiola la tienen clara porque fueron construyendo esa conciencia. Creemos que esa es una de las estrategias”.



Según Ramírez, es necesario hacer una diferenciación: una cosa es el criadazgo y otra es la solidaridad.
“A veces escuchamos que ponen como criadazgo situaciones de familias de sectores populares que también reciben parientes que vienen a estudiar del interior a Asunción, porque en nuestras comunidades no tenemos oferta educativa pública y algunas veces ni siquiera privada, entonces se da la migración y el desarraigo, pero en el marco de una solidaridad entre familias”, puntualiza.
Un intento legislativo fallido
En 2024, se presentó en el Congreso Paraguayo el proyecto de ley “Que garantiza el derecho de niños, niñas y adolescentes ante la protección del criadazgo”.
Fue impulsado por las diputadas Johanna Ortega (País Solidario-Asunción) presidenta del Frente Parlamentario por los Derechos de la Infancia y la Adolescencia, y Dalia Estigarribia (PLRA-Central), quien está al frente de la Comisión de Niñez y Adolescencia.
La propuesta planteaba una mirada integral de la problemática: prevención, acompañamiento, reinserción, ayudas a las familias, capacitación a la comunidad educativa, líderes comunitarios y autoridades, entre otros. Además, contemplaba el impulso y la promoción de actividades económicas alternativas y de proyectos productivos para las familias vulnerables a esta práctica.
De la elaboración participaron organizaciones de la sociedad civil como Global Infancia y Plan Internacional, instituciones públicas como el Ministerio de la Niñez y el Ministerio del Trabajo, asimismo, organizaciones de niños, niñas y adolescentes.
Pero el 20 de mayo de 2025, el Senado paraguayo rechazó el proyecto. Uno de los principales opositores de la ley fue el senador oficialista Gustavo Leite, quien comparó la práctica con el consumo del tereré. “Esta es una ley antinatura, anti paraguay, anti cultura paraguaya,” había expresado el parlamentario y posteriormente embajador paraguayo en los Estados Unidos.


En intercambio con The Paraguay Post, Leite asegura que ya hay suficientes leyes que protegen a los niños, niñas y adolescentes de vulneraciones de sus derechos. Considera que el criadazgo es una figura cultural negativa en Europa, no así en Paraguay.
“No se puede aplicar en Paraguay conceptos de otras culturas por imposición. Es el mismo caso de la igualdad de género, el titular es el mismo. No estoy a favor del abuso infantil, por el contrario, tampoco estoy a favor de aplicar conceptos globalistas en Paraguay. El abuso infantil es un delito deleznable y debe ser penado y ya está legislado en Paraguay”, afirma el legislador, quien fue impulsor en el 2023 de un proyecto de ley fallido “para prohibir la ideología de género” y de la ley conocida como “Anti ONG”, promulgada en el 2024.
La diputada Ortega menciona que las argumentaciones que dieron para rechazar la ley son simplemente excusas. Sostiene que quienes buscan justificar estas prácticas “son los mismos que históricamente han sido cómplices de sostener un sistema de explotación y desigualdad. Hay una élite que aún piensa que las niñas pobres deben tener un único destino: ser sus criadas o sirvientas”.
Para la legisladora el gobierno utiliza lemas como ‘provida y profamilia’ pero solo por conveniencia electoral, porque cuando se trata de votar a favor de la protección de la vida y las familias, lo hacen en contra. “Si es un proyecto de miembros de la oposición, cualquier excusa es válida para ellos para no aprobar”.
Transformar el dolor en motor
Hay quienes, a pesar de haber vivido en situación de criadazgo, también tuvieron otras oportunidades. Como el caso de la activista y antropóloga, Tina Alvarenga, de 60 años. Es militante de la alegría, de los derechos de los niños, niñas y adolescentes y de las mujeres indígenas.
Fue una de las primeras personas que vivió esa situación y teorizó al respecto. Junto a otras pensadoras y especialistas desarrollaron abordajes para hacerle frente. Entre ellos, el material Criadas, hasta cuándo…, en el que invitaron a escritoras y escritores a ficcionar historias reales de criadazgo, publicado por primera vez en los 2000.
“A veces me dicen, ‘pero si no hubieras sido criadita no ibas a llegar a ser quien sos’. Yo creo que no me ha determinado. Evidentemente, yo iba a ser algo más allá de una ama de casa, madre de familia y esposa feliz”, afirma sin dudar. Tina, a diferencia de otras niñas y adolescentes que vivieron en situación de criadazgo, sí pudo acceder a educación y recibir acompañamiento para seguir formándose.
Entre 2000 y 2003, Tina Alvarenga y otras activistas de Global Infancia se iban al Congreso, a los ministerios, a las iglesias y a las escuelas para sensibilizar sobre el criadazgo y generar un cambio de paradigma.
“Las maestras fueron fundamentales para hacer esta transformación, porque en principio ellas también tenían ‘criaditas’. Después, cuando se dieron cuenta, cambió la cuestión. La educación fue el ámbito que modificó muchas cosas”, rememora con orgullo.
Que el criadazgo siga siendo una práctica justificada, para Tina Alvarenga describe una mirada clasista y utilitaria, en la que el otro te dice “no somos iguales”. Añade: “Se trata de no mirarle al niño o niña como sujeto pleno de derecho, sino como un objeto. Tal vez, si fueran más varones los criados, sería muy diferente”.
“Es como una hija más” es una de las frases que se repiten en casi todas las historias de vida de mujeres que vivieron en situación de criadazgo. Y aunque en el discurso suena lindo, muy pocas se sintieron realmente parte de la familia durante su estadía.
“La pregunta es: ‘¿Qué pasa si se equivoca igual que el resto de tus hijos?’ Y va a volver a su casa. Entonces ahí está la línea, ahí está la diferencia. En realidad no es una hija más, porque tu hijo no se levanta a las cinco de la mañana y se va a dormir a las 11 de la noche y no falta a la escuela porque hay que cuidar al bebé”, expresa Corvalán.
Además de una ley específica que aborde la prevención, las especialistas coinciden en que hacen falta más políticas públicas y recursos para el fortalecimiento familiar.
The Paraguay Post intentó comunicarse con representantes del Ministerio de la Niñez y Adolescencia y compartió sus preguntas para conocer sobre los esfuerzos que vienen realizando, pero no obtuvo respuestas.
Sanar una herencia colonial y familiar
Rosita Del Valle, cineasta, 33 años, no entendía a su mamá. Había una tristeza que guardaba a la que ella no podía acceder.
En 2024, decidió hacer su trabajo de tesis basado en el testimonio de su madre. Lula, un corto documental sobre su vivencia siendo “criada”. Su mamá, Julia Mendieta, de 63 años, sufrió maltratos, pasó hambre y tampoco le permitieron terminar el colegio.
“Yo, por ejemplo, sufro. Yo quería ser alguien en esta vida, pero no llegué. No estudié lo que a mí me gustaba. Tal vez me gustaba ser una profesora, enfermera o doctora. Y no pude llegar a ser eso … . Yo pedí mucho para que me dieran tiempo para estudiar y me dijeron: ‘no, andá a otro lado si querés eso’”, cuenta Julia en el documental.




Rosita, al igual que otras hijas de personas que vivieron en situación de criadazgo, considera que esa práctica es violenta y tuvo consecuencias muy negativas en su mamá. Su trabajo es una forma de visibilizar el tema y generar conciencia al respecto. En unos años, espera poder desarrollar una película ficcionada que pueda mostrar la historia en profundidad.
Cuando Rosita se recibió, su tutor le dijo algo que a ella le atravesó muy fuerte. “La hija de una persona que dice que no pudo ser lo que quería hoy está terminando un trabajo de tesis y está rompiendo esa cadena,” recuerda. “Para mí, se sintió de esa manera, como romper cadenas”.
Terminar con el criadazgo también requiere de un esfuerzo que contemple la proyección de esa niña o adolescente hacia otros horizontes. ¿Qué pasa después de los 18 años? ¿Qué proyectos de vida se construyen por fuera del cuidado y de las tareas del hogar?, Corvalán invita a pensar: en las esperanzas, en las oportunidades, en esas otras alternativas de vida posibles.
Jóvenes como Fabiola también están escribiendo otras historias para las niñas y adolescentes de su generación. Su discurso conmueve: “Quiero que Paraguay pueda llegar a ser un espacio libre de violencias para niños, niñas y adolescentes. Y que los espacios de representación realmente nos tengan en cuenta. Es muy difícil hablar de algo que nos preocupa o generar políticas públicas para nosotras y nosotros si al final no nos van a incluir”.
Reportería adicional por Norma Flores Allende.
Edición de texto: Laurence Blair y Norma Flores Allende.
¿Te impactó esta historia? ¿Querés saber más o tomar acción contra el criadazgo? The Paraguay Post te deja 5 sugerencias.
1) Para saber más y profundizar en el tema: Podés leer el informe Antiguas costumbres, prácticas nuevas. Intervenciones frente al criadazgo en el siglo XXI.
2) Para denunciar: Si conocés de un caso de abuso infantil, llamá a la línea gratuita Fono Ayuda 147. También, podés acudir a alguna de las CODENI del municipio de tu ciudad.
3) Para apoyar: Acompañá el activismo de los niños, niñas y adolescentes de CONNATS. Si sos niño o adolescente, también podés formar parte de la organización.
4) Para presionar: Identificá a las y los responsables de legislar sobre este tipo de problemáticas en este enlace y exigiles respuestas.
5) Para seguir investigando: Apoyá a The Paraguay Post desde $5/mes para que podamos realizar más historias que importan:






Cuando escuché esa palabra, salir de una boca, tan suave y maternal.. me empiró toda mi piel... pronunciada en el único lenguaje que se encuentra definida "el español" ya me olía que era jerga maloliente, que venía; o de la Pinta, de la Niña o la Santa María... Pero ese es otro análisis, uno más histórico... y que pueda llevarnos directamente a las dictaduras, como la de "El chivo" y las hermanas Miraval. Y saber que directamente estamos ante un crimen de lesa humanidad.
Yo en estos tiempos, cuando pienso en una situación de criadazgo, sé perfectamente que es un caso de abuso laboral, disfrazado de trabajo doméstico, con el detalle de no ser remunerado. Y que obviamente papito, "ni te metas con eso" porque no sabes la cantidad de casos de funcionarios públicos que han logrado salir adelante a causa de un pacto entre adultos que desde una parte (los padres) casi siempre tiene todo de nobleza y confianza... pues convengamos que un tata es un tata hoy y siempre... no obstante, la contraparte siempre tiene un interés detrás de su grandiosa benevolencia. Sacar ventaja. Por lo tanto, y en un cortísimo tiempo, el hecho deja de ser un acto de buena fe, y se convierte directamente en "Servidumbre por deuda", o neo esclavitud. Y lo digo, porque en el fondo, aunque no haya un documento que formalmente determine o cuantifique el costo beneficio de la transacción realizada... el solo hecho de considerarse una costumbre de alma caritativa, ya lo vuelve una deuda intangible, y quizá la más intangible de todas... "MIRÁ QUE YO TE AYUDO A VOS. y eso desde el primer día se vuelve unilateral, inexigible y vil.
Ahora que estamos a escasos días de volver a ser cacheteados por unas elecciones que lamentablemente vamos a perder... solo nos queda intentar sacar hipótesis de cómo abordar, prevenir, concientizar, informar.... por no decir mi palabra favorita... ATACAR.. jajaja este flajelo. y para mí es con la pregunta:
Si la mayor parte de los criaditos y criaditas de éste, mi país que no es mi país,... llegan a nuestra Señora de la Asunción... o en menos casos a las grandes ciudades... Cuál es la jurisdicción en la que debemos poner nuestras flechas..? quién se hace cargo? a más de un siglo de ir cargando UPA este flagelo, cuál será la forma de regularlo? pues ya que hay tantos casos de éxito que seguro destruiría en la própia lengua guaraní cualquier argumento de "induvio pro hominen" o sin duda el simple término de izquierdozo, malagradecido lo volcaría todo a la ingratitud.
En fin. No hay fin. y no veo un fin. solamente un término muy ñembo tavy. que habrá que darle lija y un poco de machetazo.. .para mi gusto.